11.03.2010

Vértigo

Hace poco leí que el vértigo no es el miedo a caer sino el miedo a querer dejarse caer.
Tan cierto. Y últimamente, tan constante.
Sentir este vértigo se ha vuelto preocupantemente cotidiano.

Desde manejar a 120 por consistorial donde todas las esquinas están mal hechas hasta cuando mis tacos me traicionan en la entrada de la oficina.
Desde mirar hacia abajo afirmada de la baranda hasta cuando me estaciono frente a tu casa.
Desde que me paro al borde de la piscina hasta tu respiración de cerca, de muy cerca.

Lo siento en todas partes, especialmente entre las costillas, justo en el medio.
Empiezan a atacarme esas incontrolables ganas de caer, de dejarme caer.
Al vacio, a tus brazos.
Pero sobre todo a tu cama.

La libertad de que todo de lo mismo es insoportablemente pesada y muerde fuerte detrás de las rodillas.

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