(9 de Junio 2010)
De tu adiós me quedé con la A.
Abandonada, amargada, asustada. Azotada, asolada, apenada. Atorada, apartada, arañada.
Atrás.
Apresuradamente abotonaste tu abrigo y apenas alcanzaste a arrojar un “Adiós” al alejarte. Un “Adiós” que como ácido arde adentro. Aunque a veces te aborrecía, más te amaba. ¿Acaso no lo advertiste?
Ayúdame a acallar la angustia que me aúlla adentro. Ayúdame a acostumbrarme a no alcanzarte con un abrazo. Aguanta mis ataques ansiosos. Atájalos y aléjate.
¿Amor? Antes. Harto. Hasta ayer.
¿Ahora? Ahora sólo me queda la A.
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